domingo, 26 de agosto de 2012

La Dama de los Milagros

Eres la Dama de los Milagros porque tu propia existencia en si ya parece un milagro. Me abruma, me sorprende, me pilla a desmano tu capacidad para afrontar el tiempo, los hechos, las situaciones. Como salir adelante sin que si quiera parezca que caminas, sin que pisar sea un esfuerzo y parezca más un baile en el que flotas sobre la acera.

Sobre tus tacones haces lo que quieres del mundo, o mejor aun, haces que la gente crea que haces lo que quieres del mundo. Tu y yo sabemos la verdad. Eso ya no importa. Sabemos lo que cuestan los pasos, el dolor de caminar sobre tacón tan alto.

Parecer siempre perfecta es un juego que acaba convirtiendose en una extraña rutina, un aburrido ritual del que solo puedo extraer la cruda realidad: Es un milagro que parezcas perfecta. Porque ambos sabemos lo que cuesta ser perfecta, el dolor de las costuras de los vestidos sobre las marcas de tu esfuerzo por hacer que los demás sean felices sin preocuparte por ti misma.

Y yo que ya conozco las marcas, a mi que me importan esas marcas. Que las veo como lo que son, infames señales de la injusticia contra las buenas personas. De la incapacidad de algunos para ser lo que deben ser, no lo que la sociedad les pide que sean.

Y ahí sigues tu, con tus marcas y sin ellas. Pero con tu sonrisa por bandera, como identidad. Y aun te preocupas por mí. Por alguien que no deberia preocuparse por ti, a quien no conoces y a quien no deberias importar. Pero me importas porque te importo. Porque te entiendo. Porque me entiendes. Porque los dos sabemos lo mismo el uno del otro. Sin preguntar, porque nuestras vidas son las que son, y hemos hecho de nosotros mismos lo que nos han dejado hacer. Y al final, hasta nos sentimos orgullosos de ello.

Por más ojiplatico que me dejes con tus ocurrencias, mis ojos no alcanzan el tamaño de los tuyos. Por más que brille la luna, encienda todas las farolas, bombillas y velas del mundo. Por más que arrastre todas las estrellas del cielo... me he perdido ya en lo larga que es esta comparacion con el brillo de tus ojos.

Puñales, lagrimas. Huracanes en cada parpadeo. Taquicardias en los pliegues de tus vestidos. La muerte entre tus muslos. No le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo a no saber volver de ella, a hacerme adicto al contoneo de tus caderas. Al baile de tus tacones.

Milagro será que no sea un yonki de tu perfume. Un drogadicto de tu pelo. Un ladrón de caricias que no pueda soportar el sindrome de abstinencia, de tu compañía, de tus palabras, tus miradas y tus besos.

Soy poeta de bajas palabras, del verbo sucio, de la prosa arritmica sin rima. De la verdad honesta, clara, sincera. Soy lo que soy. Sabes lo que soy. Acepta lo que soy. Haz tu milagro.

No puedo ofrecerte si quiera mi corazón, ya no lo tengo, o tal vez si pero no lo encuentro. Bastantes golpes se ha llevado ya en la vida, y los que le quedan, que estará escondido en alguna alcantarilla, latiendo despacio en la oscuridad. Dolido con la vida, con el nacimiento y con la distancia a la muerte. Cicatrices de los puñales que los injustos otorgan a los justos. Por miedo, por envidia, por placer, por lo que quieran. Pero puñaladas al fin y al cabo. Sangre sobre el suelo blanco. Baldosas encharcadas a las que la fregona del tiempo suele llegar tarde y no le queda más remedio que amargarlas con el bendito amoniaco del olvido y la melancolia.

Si lo encuentras es tuyo. Pero recuerda donde vas a tener que buscarlo. Allí, en el fondo de las miserias de mi vida. En el hoyo de las ganas de morir. En las alcantarillas donde caen los restos de mis lamentos. En el fondo del corazón en si mismo. No será facil. Pero además de la dama de los milagros eres la princesa de lo imposible. Y como siempre digo... da igual lo que digo.

Si vas a buscarlo es porque quieres buscarme, porque quieres que yo me lleve lo mismo de ti. Y me temo que tal vez es lo que quiero. Pero no lo quiero. No ahora, no sin mi corazón. Pero si te quiero ahí, aunque no tenga corazón, quiero tener tus ideas, tus pensamientos, tu tiempo, tus labios, tu sonrisa, tus parpados con tus pestañas, tus ojos con su iris, tu cuerpo con mis caprichos.

Tu cuerpo... Tu cuerpo es una trampa mortal que oculta lo que realmente esconde el templo de tu corazón y tu mente. La maldita persecución que no quiere que acabe descubriendo lo que escondes en el maletero de tu coche. El mafioso que no quiere que se sepa acerca de esa enfermedad cronica que hace que despierten los buitres... Nuestros buitres. Los buitres de la palabra enlazada en busca del caliz que pusiste como señuelo en la puerta del precipicio que sin aparente final resultaron ser tus piernas. Piernas que hacen más atractiva la aventura o que esconden las ocasiones en las que tus rodillas no fueron un divertimento sino el unico punto en el que podrías apoyarte escondida tras aquella puerta. No te niego que quiero vivir la aventura de alcanzar el famoso caliz sagrado, del que dicen que bebiendo obtienes la inmortalidad, al menos momentanea. 

Pero como dice mi barba de 3 dias, mi latigo y mi sombrero, que me pongo los fines de semana, para ocultar mis gafas de profesor de historia... como bien dice, lo que realmente quiero es hacer un mapa. Un mapa con cada detalle de tu cuerpo, de tu pelo, tus cejas, tus parpados, de cada una de tus pestañas, de la comisura de tus labios, de la humedad de tu lengua, de la dureza de tu cuello, de los temblores de tu pecho, de la firmeza de tu piel, del calor de tu cintura, del peligro de tus caderas, de lo imponente de tus piernas... de la delicadeza del ultimo milimetro de la ultima escama del ultimo rincon de la yema de los dedos de tus pies.

Y sin embargo... Sin embargo estoy aterrado ante la idea de que todo eso que quiero, este templo que escondes se me quede grande. O no. O si. O yo que sé. ¿Esto se sabe?

Lo unico que puedo hacer es seguir mirandote. Imaginar que tras esa figura de hielo, allá arriba en el altar de tu iglesia, en la letania de los kilometros y los metros, de los documentos, pasajes y maletas. En el crepitar de las ruedas en el suelo de la sala de los encuentros... Que tras todo eso, levanto la vista y simplemente me sonries. Y si me sonries invitandome a acercarme, entonces ya no tengo miedo. Porque si tu me guias por los misterios de tu propio templo, entonces tendré mi mapa. Y tu templo parece un buen lugar para quedarse a vivir. O para visitarlo de vez en cuando.

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