lunes, 4 de agosto de 2008

La encefalitis letárgica

 

Entre 1917 y 1928,  cerca de un millón de personas murieron por una enfermedad desconocida  que afectaba al cerebro. Muchas mas tuvieron que ser ingresadas al sufrir una parálisis generalizada que les dejaba sin habla y  sin movimiento. No había ni una sola pista sobre causas o posibles soluciones. Poco después, de forma igualmente misteriosa, la enfermedad desapareció excepto por algunos casos aislados que surgen puntualmente.
La historia recoge numerosas epidemias y enfermedades que somos incapaces de identificar.  Bien porque los síntomas son excesivamente comunes como la fiebre. O porque el registro histórico es contradictorio o confuso. Tal vez las más curiosas sean las enfermedades con síntomas claros y definidos pero sin agente conocido. Parecen  enfermedades “extintas”  ya que el culpable puede haber desaparecido o, simplemente, estar esperando a que se den las condiciones adecuadas para surgir de nuevo.
A principios del siglo XX, apareció una de estas plagas. Es bastante menos conocida que una epidemia casi simultanea de gripe que acabo con entre  50 a 100 millones de personas en el mundo.  Sin embargo, las consecuencias para las personas que sobrevivían a la encefalitis letárgica  eran mucho peores.
Para empezar la enfermedad atacaba al sistema nervioso. Los síntomas iniciales eran fiebre, dolor de cabeza y de garganta. Pero pronto se agravaban con rigidez muscular, temblores, debilidad muscular e incluso psicosis. En los casos mas graves los pacientes quedaban inmovilizados, sin habla o en coma.  Incluso aquellas personas que lograban recuperarse corrían el riesgo de desarrollar síntomas muy similares a la enfermedad de Parkinson.
En los muchos años  que ha pasado desde la epidemia se ha avanzado poco para averiguar su origen o paliar sus efectos en nuevos pacientes. La utilización drogas como la Levodopa  conseguir remitir, de forma temporal, los síntomas. Sin embargo a día de hoy seguimos sin estar seguros de las causas o de cómo evitar su reaparición.
Las últimas hipótesis consideran que puede tratarse principalmente de una enfermedad autoinmune. Una respuesta desproporcionada del organismo contra una enfermedad que acaba causando más daño que la propia enfermedad. Según unos investigadores británicos, la culpable seria una rara bacteria  perteneciente del género estreptococo. La variante normal solo produciría leves molestias de garganta. Pero una mutación de la misma seria capaz de provocar una respuesta equivocada del sistema inmunitario que atacaría al sistema nervioso.
Sin embargo, aun no se tiene la absoluta seguridad de su origen. Menos aún de como combatirla. Es otra mas en la lista de las enfermedades raras.  5.000  enfermedades que afectan a menos de 1 de cada 2.000 personas. Aunque en conjunto sean muchas personas, cada enfermedad implica un número relativamente escaso de pacientes. Esto limita el interés por desarrollar medicación específica. Casi todos los centros de investigación y grandes farmacéuticas prefieren enfermedades con un mercado más amplio.  Esperemos que no resurja en el momento menos pensado.

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