lunes, 3 de marzo de 2008

¿Cambiar el mundo?

No he encontrado la manera de explicarlo, no he encontrado la manera de explicar porque sigo vivo, porque mi vida tiene este sentido. He tardado demasiado en darme cuenta de que quizá no le interesaba saberlo.

¿Me habré equivocado de persona? ¿Será ella? Sigo confiándole a mi instinto labores que mi razón rechaza. Le importaba un carajo.

¿Cambiar el mundo? ¿Pero que locura es esa? ¿De verdad crees que se puede? Me pregunto a mi mismo. Inmediatamente rechazo las respuestas, y mas rápido aun las preguntas. Pienso seguir vivo, me quedo sin saber si realmente creo en ello o es solo una excusa para no afrontar el vacío de mi vida carente de sentido hace ya muchos meses.

Podría limitarme a vivir, pero no, me convencí de que tenia que aprovechar un "don" en el que nunca he creído, agradecerle algo a un dios al que no rezo. Y decidí darle mi alma a cambio.

Un pacto con dios o con el diablo, lo mismo me da, vivo al fin, inspirado, animado, dispuesto a enfrentarme a lo que sea. Un "Adiós" tan carente de significado me hubiese tenido en vilo hace siglos, pero ya no, en menos de 10 minutos había dejado de pensar en ello, caminaba a paso ligero y estaba dispuesto a seguir comiéndome el mundo. A seguir luchando por aquello en lo que ahora creo.

Creo en un mundo diferente al actual, en el que todos somos iguales pero cada uno tiene su identidad, en el que las ciudades son las personas y los estados, las familias. Todo tipo de familias. Creo en un mundo sin reglas ni prohibiciones, pero con sentido común. Un mundo en el que la pobreza no tenga sentido, puesto que tampoco existe la riqueza. Un mundo en el que beber un trago de agua no suponga la muerte. Un mundo en el que leer no sea un lujo y el hambre solo sea una leyenda.

La mayoría de nosotros ya vivimos en ese mundo, nuestros problemas son ridículos comparados con los de mas del 30% de la población mundial. Y no debemos usarlo como excusa para sentirnos mas felices, debemos usarlo para igualarnos todos, para rebajar el ritmo de nuestro despilfarro en pos de mejorar la vida de miles de millones de personas.

Lo sé, una utopía, una locura, soy un soñador, pero como decía Lleno, no soy el único. Estoy dispuesto a encontrar a todos y cada uno de esos soñadores, a todos aquellos que aunque solo sea un minuto en su vida hayan pensado "Puedo hacerlo". A todos aquellos que tienen el valor de enfrentarse a un gran reto. A los que saben que esta batalla será mas larga que sus propias vidas, y que el día de su muerte no recibirán agradecimiento alguno. Los que lo saben y no les importa.

No necesito el dinero para mi propia vida, pero si se necesita, obviamente, para una campaña de tal calibre, como todas las guerras, esta es una guerra cara, y nuestro objetivo es acabarla con el menor numero de bajas en todos los bandos.

Mucha gente se lo ha propuesto a lo largo de la historia, sin reconocimiento, sin acabar la guerra, sin librar todas las batallas. Porque esta es una guerra infinita, pero aun así no es imposible.

Me conformo con la sonrisa de agradecimiento de la gente humilde. Gente acogedora, que precisamente por no tener nada de valor, te lo agradecen regalándote el objeto mas preciado para toda persona, su propio corazón.

Tenemos la ventaja de nacer donde hemos nacido, de vivir en esta zona del mundo, de ser, muchos de nosotros, jóvenes, y por tanto, porque no, ingenuos. Pero también somos luchadores, inteligentes, incansables, somos personas buenas de voluntad, puesto que la madurez aun no ha contaminado de desesperanza nuestras vidas. Nos enfrentamos a un problema tras otro y aun nos parecen pocos. Este es el momento de vivir, y precisamente, de vivir, por los demás.

El día que no haga lo que me gusta dejare de vivir, y lo que me gusta, siempre lo ha sido, es ayudar a la gente. Pondré todos los medios, para, egoistamente, seguir vivo, luchando codo con codo con toda esa gente que aun sigue en el pozo del que he salido. Yo estoy relativamente fuera, ya veo la luz, pero en el fondo del hoyo, entre agua podrida y barro, nadando entre ratas, muertos de frío, se apoyan los pocos sobrevivientes de una auténtica masacre, una masacre ocasionada por las propias personas. Las personas que viven fuera de ese pozo, que ocultan a los indeseables cuyo único delito es ser molestos a su vista.

Los señoriítos condenaron a los pobres a sobrevivir, a luchar por no morir ahogados en la inmundicia, a vivir vidas completas, desde el nacimiento hasta la muerte, en el foso del desconocimiento, del hambre, de la sed, de la pobreza. Es hora de que alguien eche suficientes cuerdas, fuertes, a ese pozo. Es hora de que todos los que salimos de allí, de que los señoriítos rebeldes, a los que no les gusta el sistema instaurado por sus padres, tiren de la cuerda. Arrimen el hombro.

Hombres, mujeres, niños, ancianos, personas todas al fin y al cabo, debemos luchar juntos para ayudar a nuestros semejantes a lograr todo aquello que nosotros ya tenemos. No se trata de regalarles una cómoda y plácida vida en los dominios del conde de turno, sino de entregarles lo que por derecho es suyo. La vida.

Nuestra obligación como personas es exigir y velar por el cumplimiento de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sencillamente, estos derechos, que a nosotros nos parecen obvios, simplemente por haber nacido en un país como este, están siendo negados a mucha gente.

¿Que podemos hacer nosotros?

¿Que puedes hacer si me lo preguntas? Simplemente actúa, lucha, ni siquiera te digo que colabores con una ONG o que te vayas de misionero. Simplemente educa a tus hijos, a tus alumnos, a tus compañeros, de clase, de trabajo. Simplemente lucha por tus ideales. No existe nadie en el mundo que desee arrasar el planeta con todos nosotros dentro, esto no es el cine, es la vida. Vive, enseña a vivir, no a odiar. Haz que tus semejantes comprendan que el problema son ellos. Los brazos cruzados son torpes herramientas, las manos enlazadas son verdaderas pasarelas. Todos sabemos lo que tenemos que hacer, todos sabemos que se puede hacer. ¿Quieres hacerlo? Pues hazlo. Lucha por lo que siempre has creído, imaginado, deseado, rezado. Todos pensamos en lo mismo, todos luchamos por lo mismo, movamonos en el mismo sentido. Muchos quedaran atrás, muchos morirán en el intento. Nuestra obligación es que no sean olvidados, que todos recuerden que por lo menos han luchado.

No tendré tumba, ni gloriosa ni humilde, la función de mi cuerpo será la de salvar vidas, y cuando deje de serlo, la de estorbar lo menos posible, la de obtener la mayor eficacia en su sentido. Pero si tuviese lápida, nadie podrá negarme lo que ponga en ella. Una vida es demasiado corta como para cambiarlo todo, yo lo sabia, lo sé, y no lo olvidare, pero aun después de muerto, seguiré luchando, puesto que deje en tierra a aquellos que estuvieron dispuestos a continuar mi legado, mi ambición, mi lucha, mi destino. Ellos hicieron de su vida la continuación de la mía. Muchos tendrán aun que sacrificar la suya. Se lo agradezco y recuerdo a todos. Cuando nos hayamos reunido, juntos ayudaremos a aquellos que aun se atrevan a luchar por esta causa. Una causa, que al contrario que la de aquellos que aparecen en los libros de historia, no será recordada, salvo por nosotros, que nunca nos arrepentiremos de haberla comenzado.

 

03.03.2008 R. Ricote

1 comentario:

Anónimo dijo...

Just do it, mas me vale porque te quiero y crees que no pero si